Una anciana una vez me contó una leyenda que me costo creer.- hablo la voz del anciano.- La historia real según dicen las lenguas de la ciudad que se extiende por todas las tierras del rey. Hace muchos años atrás cuando aun la oscuridad era dueña del mundo, nuestros antepasados tenían que estar sumidos entre el fuego y la eterna mirada de la luna que nunca desaparecía de los grandes cielos. Los mas grandes caballeros cruzaron la linea de las nieblas contaban historias de una gran esfera de fuego que aparecía por el oeste y se ocultaba por el este día tras día librando les a ellos del que era nuestro eterno infierno. Las gentes que vivían en la oscuridad eran encordabas, de piel pálida, ojos hundidos y ennegrecidos por la constante falta de luz, tenían a veces huesos retorcidos que les dificultaban moverse eran tan vulnerables, como una flor frente a una cruel tormenta. Sabían que sus pueblos estaban condenados a desaparecer a ese ritmo de vida, solo la aparición de vez en cuando de algún hombre mas fuerte y sano daba algo de esperanza a las mujeres de traer niños mas sanos.
En una de esas eternas tinieblas que no acaban, una galante figura acompañada de antorchas de fuego sobre un hermoso frisón de elegantes caminares irrumpió en una de las mas pequeñas aldeas que habitaban en los alrededores. La gente temerosa se asomaba por las puertas de sus casas, pero no se atrevían a salir ante la figura que imponía respeto y miedo.
La joven Missel una mas entre tantas mujeres, pero con la única diferencia que ella aun sabia soñar, con un mundo mejor, con una vida distinta, sin estar sumidos en la oscuridad . No fue de extrañar que el forastero y ella no tardaran en conocerse y pronto el amor surgió en dos almas que se parecían tanto. La joven Missel y el gran caballero Egber, se unieron la noche y el día con ellos dos juntos, pronto la joven quedo embarazada del caballero. Fue un embarazo muy complicado para ambos, ella constantemente sufría desmayos y faltas de fuerzas en su cuerpo debilitado por aquella eterna oscuridad condenado a ser frágil por naturaleza.
Finalmente tras nueve largos meses de desesperación y sustos, llegó el momento de dar a luz un niño varón, un hermoso y fuerte bebe que había conseguido superar la debilidad de su madre y heredar la fuerza de su padre. La felicidad de ambos padres desapareció tan rápido como llego, Missel completamente agotada ,al límite de sus fuerzas, pues estas fueron mermadas por las horas de parto, cayendo en el sueño eterno del que no volvió a despertar.
Egber que se paso tantos años buscando a la mujer de su vida aquella con la quería compartir el resto de sus años.. y se la arrebataron tan rápidamente. La locura le hizo perder el juicio ,aquella parte de Missel y suya , su hijo , el que le había echo perder a su esposa se lo llevo.
Egber partió, llevandose con él a su hijo, el cual le recordaba amargamente a su amada, se encerró en su propio castillo, evitando a la gente se encerraba en la forja golpeando el metal se desahogaba. La hoja iba siendo templada por su rabia, por su propio dolor. Finalmente quedó hecha, una gran espada que precisaba de fuertes brazos para sostenerla. A la mañana siguiente el caballero tomó a su hijo, no tenia más de un mes. Subiendo una colina, lo depositó sobre una roca plana y alzó la espada sobre él. Su visión y existencia le eran terriblemente dolorosas. El cielo oscureció, alimentado por su mal, cuando la hoja casi rozaba la inocente cabeza de la criatura un rayo resplandeció del cielo, la voz de Missel surgió de la nada “La bendición de los dioses abracen el mal y el dolor”…la espada se iluminó, con luz propia. Egber luchó por seguir adelante…pero la espada pareció cobrar vida propia y le arrebató la vida. Una elfa lunar que vivia en el mismo castillo siguió esa mañana al caballero, viendo todo lo sucedido tomó en sus brazos al pequeño. Fue a ella, a Leherenia, a la que los dioses le dieron una misión. Cuidar del pequeño y deshacerse de la espada. Una espada que abarca el poder del bien y del mal, una espada que podría hacer a su portador casi inmortal. Leherenia ocultó al niño y lo crió. Fue la elfa lunar quien destruyó la espada rompiendola en varios trozos, la empuñadura fue sesgada en seis trozos, cinco de ellos son los que prenden ahora del cuello de los miembros del clan, el sexto está incrustado en la mesa central de la sala del consejo, como recordatorio de que el poder nunca debe caer sobre uno solo. El resto de la espada fue esparcido por todo el reino, para evitar que nadie los pudiera unir. Pero inevitablemente hay quienes conocen de esta leyenda, quienes desean el poder por encima de todo. El equilibrio entre el bien y el mal siempre está en peligro.
By: Anat & Luna_Negra